Sábado 25 de Mayo, 2013
MAYO 2013
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El Americano
Fidel Esquivel
El Americano

Autor del libro llamado “Por Qué Norte y No Sur?”


Hace unos años atrás caminaba por el centro histórico de la ciudad de México, de repente guiaban a un grupo de turistas entre hombres y mujeres de color blanco, ojos de color azul, me acerqué a uno de los guías, le pregunté. ¿De dónde son estos turistas? lo único que me contestó. Son americanos!
Me quedé pensando, haciéndome preguntas. ¿Por qué me dijo que eran americanos? ¿A caso los chaparros y morenos no somos americanos? ¿O la gente de color no son americanos? ¿No serán americanos todos los países que se encuentran en el continente americano? Entonces ¿quién es el americano?
Desde que estudiaba la secundaria (séptimo grado a noveno) en México, el profesor nos explicaba que el mundo se divide en cinco continentes, que es América, África, Europa, Asia y Oceanía. También dicen que la Antártica es otro continente, pero en este continente no habitan seres humanos. Entonces nos enseñaron que a los de Europa se les llama europeos, a los de América se les dice americanos, a los de Asia se les dice asiáticos, a los de África se les dice africanos y a los de Oceanía simplemente de Oceanía.
Por gajes del destino crucé la frontera de los Estados Unidos de Norteamérica, caminando por el desierto, con la mente llena de miedo y a la vez llena de ilusiones.

Al abordar el autobús con dirección al norte de México, de repente dormitaba y soñaba que no lograría cruzar el desierto para alcanzar mi sueño americano, el compañero de asiento me comentaba que viajaba, con la misma finalidad de alcanzar el famoso “sueño americano”. Cuando lo conocí me dijo que era mexicano, no estaba tan chaparro pero no era güero entonces me hice una pregunta, ¿será americano?, como ya estoy contagiado, que todo mundo dice que solamente el americano es el hombre de color blanco, ojos azules, cabellos amarillos y habla inglés.

Hasta que por fin llegué a mi destino, pero en el camino vi unos que otros güeros, pero no tenían cabellos amarillos ni ojos de color, tampoco hablaban inglés, pues dije, entonces estas personas no son americanos, pero reflexioné y me acordé que todavía estamos en México pues somos mexicanos y México se encuentra en el continente Americano, por lo tanto, ¿también nosotros seremos americanos?

El miedo me acechaba, porque en las noticias y amigos, siempre se escuchan decenas de historias de inmigrantes que se encuentran con la muerte ya sea por el desierto o el río. Por el río la corriente los arrastra hasta que mueren ahogados. También los asaltantes conocidos como los “cholos” por no entregar el poco dinero que cargan en los bolsillos o en otras partes de la ropa, muy bien escondido, lo matan y por el desierto también existen cholos, las serpientes venenosas, el hambre, la sed, el calor y el frío, sea por donde sea hay riesgos de perder la vida.
Con el ansia de alcanzar mis ilusiones, caminé dos noches y dos días, en ese desierto, tan peligroso, pero es más fuerte, el hambre, las necesidades, la pobreza que no importa morir.
También me fui con la finta con eso que decimos tanto, “el sueño americano”, cuando mis pies estaban llenos de ampollas, llegó el momento que no podía caminar, entonces me puse a pensar. Acaso este es el sacrificio para llegar con los que se dicen ser los únicos americanos, pero en el grupo también caminaban de otros países americanos, de Guatemala, Honduras y el Salvador. Yo los veía iguales que nosotros los mexicanos, lo único que cambiaba un poco era el acento del lenguaje, pero todos nos entendíamos porque todos hablamos español.
También tomamos agua estancada de muchos días, contenía lama, animales muertos de un olor muy desagradable, con muchos insectos y microorganismos con el riesgo de adquirir una fuerte infección en el estómago.
Algunos decían vamos a llenar los galones de agua en “el jagüey” y otros decíamos vamos a llenar los galones en la laguna, pero si no por esa agua se muere uno de sed. Aunque al tomarla se sentían algunos animalitos que raspaban la garganta. Pero al fin y al cabo crucé sin problemas mayores, de los doce y el guía nadie se quedó abandonado en el desierto.
Por el camino alcanzamos a dos grupos, eran más personas entre hombres, mujeres y niños, pero en una tarde descansamos juntos aproximadamente una hora, intercambié palabras con dos personas, decían que tenían cuatro días de caminar, caminaban más despacio porque había mujeres y niños, se les estaban terminando sus alimentos, pero ellos se expresaban optimistas, porque ellos sabían que mientras encontraran agua, la comida no era tan importante, también habían personas de otros países de Centroamérica.
En la noche el guía decidió descansar en una barranca, en donde dormiríamos unas cuatro horas, algunos durmieron como una hora, pero yo no dormí nada, por el dolor o más bien por el ardor de los pies, sentía como quemaduras, sólo escuché resbalones en las piedrecillas cuando pasó un grupo. Al poco tiempo llegaron los otros que también quisieron dormir ahí mismo, pero de repente una fuerte lluvia nos despertó y nos hizo caminar en la oscuridad, al amanecer rebasamos a un grupo y el otro no supimos si se quedó o caminó, pero hasta por la tarde llegamos al punto donde nos levantaron.
Abordamos una camioneta, no supe qué modelo, color ni marca porque soy muy malo para reconocer vehículos y además era de noche, al final llegamos a una casa donde se encontraban más personas, pero no había ningún güero. Al siguiente día nos trasladaron a otra casa, solamente por el camino vi una que otra persona con cabellos amarillos.
¿A caso ya estoy en América? Me preguntaba o me lo imaginaba?
(Para ser continuado el mes proximo.)