Celebrando 10 años de La Voz Latina
Por John Newton
Es difícil de creer que han pasado 10 años desde que publicamos nuestra primera edición de La Voz Latina. A veces parece que fueran mucho más tiempo. Especialmente cuando recuerdo eventos hitos como la inmensa manifestación hispana que ayudamos a organizar en Forsyth Park de Savannah en la primavera de 2006.
Aquellos fueron momentos emocionantes cuando una reforma migratoria comprensiva parecía estar justo a la vuelta de la esquina y ese evento fue de tanta celebración como lo fue el acto de protesta. Fue especialmente refrescante escuchar a los anfitriones conservadores locales quejarse por las banderas americanas ondeadas por una comunidad de inmigrantes que habían difamado de ser anti-estadounidenses. La bandera mexicana aparentemente había sido una característica destacada en las reuniones anteriores en California, y estos expertos locales esperaban un blanco fácil.
Seis años después, es bastante deprimente ver lo polarizado y politizado que el tema de la reforma migratoria se ha convertido. Cómo los conservadores rechazan incluso una modesta propuesta de la reforma como el Dream Act, cuya meta es dar a los estudiantes inmigrantes educados en nuestras escuelas públicas, la oportunidad de continuar sus educación posterior a la secundaria y que se conviertan en ciudadanos productivos de Estados Unidos.
Mirando atrás, me doy cuenta que fui muy ingenuo acerca de lo difícil que sería esta lucha, y lo fácil que era para los promotores de miedo explotar los sentimientos populistas en su búsqueda por el poder político. Pero debo admitir que algunas cosas definitivamente han cambiado para bien.
Recuerdo cuando iba por la autopista 280 a Reidsville, Georgia en la primavera de 2002, viajando a lo profundo del corazón donde se encuentra la cebolla dulce, en búsqueda de alguien que podría ayudarme a hacer mis primeras conexiones con la creciente población hispana del Sur de Georgia.
Hoy tengo tarjetas de negocios y un archivo de direcciones de correo electrónico que está estallando con los nombres de cientos de personas profundamente implicadas en la vida de los lectores a los que servimos. Y estoy especialmente agradecido con todos los pequeños negocios que han invertido su dinero arduamente ganado en la publicidad en La Voz Latina en los últimos diez años. Sin su apoyo constante, nos hubiéramos retirado hace mucho tiempo.
Pienso en una joven madre mexicana llamada Reyna, a quien conocí en 2005, poco después de que ella dio a luz a una hija en una pequeña y bochornosa choza a poca distancia del municipio de Port Wentworth. Ella hizo todo por sí misma, cortar el cordón, limpiar la placenta, ponerle pañales a su bebé, luego se recostó en el sofá y esperó a que los miembros de la familia sorpresivamente regresaran a casa.
Reyna es un gran ejemplo de valentía, fuerza y confianza en sí misma, representado por millones de inmigrantes que viajan aquí en circunstancias difíciles para hacer una nueva vida para ellos y sus familias. Estas son las mismas personas que los políticos de derecha condenan hoy en día como sanguijuelas perezosas en la sociedad de los Estados Unidos.
Lo triste es que este punto de vista, ilógico a primera vista, ha encontrado un flujo constante de nuevos adeptos mientras nuestra economía nacional sigue cojeando hacia una lenta y dolorosa recuperación.
Mientras varias legislaturas estatales continúan con el paso a la brecha creada por la falta de voluntad de nuestros líderes nacionales para abordar la reforma migratoria, el diálogo embrutece y las personas creen que es más fácil y más fácil usar a nuestra población inmigrante como chivo expiatorio de todo lo malo que hay en nuestro país hoy en día.
Cuando la legislatura de Georgia aprobó HB87 el año pasado, el término “extranjero ilegal” fue codificado en la ley. La historia nos ha demostrado que en cualquier momento un grupo de personas puede ser etiquetado como “diferente a ser humano”, es mucho más fácil para los odiosos y racistas entre nosotros, hablar y añadir su propia hostilidad al debate.
Así que fue el mes pasado en que una compañía de limpieza de alfombras del área de Atlanta consideró que era perfectamente aceptable el uso de lenguaje racista e ilustraciones en los cupones de publicidad distribuidos por el Atlanta Journal Constitution. Teniendo como lema: “nadie quiere ser llamado un cerdo”, el anuncio mostraba a un cerdo que llevaba un sombrero mexicano, flanqueado por un cactus y la bandera nacional de México. La implicación era imposible de ignorar y fue una prueba más de que, gracias a la legislatura de Georgia empeñada en denigrar su presencia en el estado de Georgia, los inmigrantes hispanos son considerados presa fácil para cualquier fanático que quiera hacer un tiro al azar a ellos.
Sólo el conocimiento y la comprensión pueden derrotar este tipo de odio irracional y todos debemos estar agradecidos por organizaciones como Georgia Latino Alliance for Human Rights (GLAHR). Representantes de GLAHR estarán en Savannah en el 30 de Junio en un foro de información pública organizado por el pastor Samuel Rodríguez y la Primera Iglesia Bautista Hispana. Vea la página 31 para más detalles.
